Wednesday, May 6, 2026
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CUANDO LAS ESTRELLAS COMIENZAN A DESCENDER

CUANDO LAS ESTRELLAS COMIENZAN A DESCENDER

Por: Guillermo Fiallos A.

En el año 1965 el grupo australiano The Seekers (Los Buscadores) irrumpió en el escenario mundial con un tipo de música combinación de pop, folk (folclórica moderna) y godspell (espiritual). Conformado por tres jóvenes y una muchacha, se gestó en Melbourne, Australia en 1962; y constituye la primera agrupación musical de la Gran Isla Continente, que logró un éxito arrollador e importantísimas posiciones de ventas en Reino Unido y Los Estados Unidos de América.

Una de sus canciones más conocidas (Georgy Girl) fue nominada a los Premios Oscar de Hollywood en 1967, por ser el tema de la película del mismo nombre. Se trata de una melodía alegre, pegajosa y que puso a bailar a la juventud de aquellos años. Sin embargo, la canción cuyo título fue adquirido en préstamo para encabezar este artículo, es menos recordada –actualmente–, pero constituye un fascinante himno folclórico, modernista y de corte espiritual que sacudió a la sociedad de consumo de ese entonces.

When the stars begin to fall (Cuando las estrellas comienzan a descender), alcanzó la fama en 1966. En resumen, se trata de una descripción imaginaria la cual detalla que, cuando empiezan a descender u ocultarse las estrellas, surge una mañana extraordinaria para pensar en Dios y se describe –poética y sublimemente–, una mezcla de arrepentimiento y victoria cristianas a la vez. (Invito a los amables lectores que busquen en Youtube ésta y todas las canciones extraordinarias del grupo australiano The Seekers).

Es una melodía de esperanza propicia para estos momentos críticos y dolorosos que vive la humanidad entera.

Cuando las estrellas comienzan a descender…, quién creería meses atrás, que una tragedia planetaria de dimensiones desconocidas, se apoderaría de la respiración de millones y millones. A estas alturas de esta inédita experiencia, ya nadie considera como alucinantes las teorías científicas referentes a que un meteorito podría impactar contra La Tierra; o que establezcan contacto, formalmente, los extraterrestres con la humanidad. ¡Los muros de la lejanía cayeron y tocaron las probabilidades existenciales de cada quien!

Todo ha cambiado a partir de enero de 2020. Lo que parecía increíble, es ya creíble. Lo imposible se tornó real. Me sonrío pues hace más de tres décadas escribí una novela de ciencia ficción, que se relacionaba con la destrucción de los hombres a través de varias guerras mundiales, entre ellas, la bacteriológica. ¡Un asunto que sólo estaba en la mente de un joven y aficionado escritor!

Cuando las estrellas comienzan a descender…, es el momento de tener fortificada la fe y con más razón en lo particular, pues la calle principal de mi corazón y la avenida central de mi alma, se encuentran ubicadas en una de las zonas extranjeras más álgidas de propagación de la pandemia.

Cuando las estrellas comienzan a descender…, hay un lenguaje de pesadumbre y desesperanza por todos los rincones del planeta, pero debemos abrir nuestra mente a los pensamientos positivos pues en medio de esta Tercera Guerra Mundial que estamos resistiendo, si inundamos nuestro cerebro con más y más desconsuelo, terminaremos aniquilados no por el Coronavirus, sino, por la depresión, la angustia y la desesperación.

Cuando las estrellas comienzan a descender…, no se deben colmar nuestros espíritus de rencor hacia quienes –se sospecha–, dispersaron por el mundo esta enfermedad de laboratorio, sino, de implementar alternativas para buscar cómo sobrevivir y prolongar nuestra vida. Con esto, no quiero decir que no debe aplicarse justicia para las manos criminales que iniciaron este holocausto mundial y que, en el momento de comprobarse su maldad, tendrán que enfrentarse a los Tribunales de Nuremberg del Siglo XXI.

Cuando las estrellas comienzan a descender…, es el momento de exaltar dos valores que teníamos relegados en el olvido: el silencio y la libertad. Debemos, en estos instantes, de reencuentro con nosotros mismos darle su lugar al silencio reparador, humanista y de acercamiento espiritual con el Creador. Es una magnífica oportunidad de gozar de esa quietud y sumergirnos en la misma, en medio del mundo agitado en el que día a día nos movíamos.

Cuando las estrellas comienzan a descender…, es el punto para justipreciar el valor de la libertad, ahora que estamos encerrados en casa por semanas. Nos confinamos por nuestro bien, pero extrañamos la vida cotidiana cuando salíamos del hogar con el sol y regresábamos alumbrados por la luna. ¡Libertad de movimiento, de ir y venir a donde necesitábamos, de correr sin reflexionar y de ser dueños de nuestras opciones!

Este encierro ha permitido, asimismo, sacar los fantasmas interiores que teníamos escondidos. Si no se canalizan bien éstos, vamos a mostrar lo más primitivo y oscuro de nuestra personalidad. Así se ha podido comprobar en esos correos y “chat” grupales por “whats app”; en los cuales muchos se dedican a destruir en lugar de edificar, a criticar y no a proponer, a maldecir en lugar de bendecir y ocupar las redes sociales para transmitir alegría, esperanza y cordialidad. Afortunadamente, siempre hay elementos que esparcen paz, optimismo y solidaridad.

Cuando las estrellas comienzan a descender…, tenemos que estar conscientes de una palabra que puede cambiar nuestro destino y la crisis que nos rodea: actitud. Con una actitud y una visión de futuro positivas, esquivaremos todos los “peros” que destruyen la paz de cada uno de los miembros de la familia y de los grupos de amigos. (Leer 2 Timoteo 1:7).

Cuando las estrellas comienzan a descender…, ha llegado la ocasión de que patronos y trabajadores encuentren salidas sinceras, factibles y heroicas para salvaguardar el sustento diario. Estamos en un período de ceder, de sacrificios, de renunciar a posiciones ofuscadas de unos y otros, y de dejarse de considerar como antagonistas eternos; pues ha llegado la hora que todos los afluentes desemboquen en el mismo río. De lo contrario éste se secará y nunca abrazará el mar.

Cuando las estrellas comienzan a descender…, es la etapa de no lamentarnos porque perdimos la seguridad económica o el bienestar en general; estamos en la fase de volvernos innovadores, de buscar otras ventanas y puertas, de no llorar sobre los acontecimientos derramados; sino, de reconfigurarnos como un humano único quien con energía, perseverancia, fe e hidalguía moldeará un futuro distinto, que se distanciará del Hombre Viejo del presente.

Cuando las estrellas comienzan a descender…, ha arribado el lapso para tener en nuestras oraciones a todos los héroes y heroínas anónimos quienes, con su labor, dan esperanza a la vida de las mayorías. Médicos, enfermeras, laboratoristas, policías, el ejército, elementos de la cadena alimenticia, recolectores de la basura, personal de farmacias, gasolineras, supermercados, pulperías, periodistas, etc…; para todos ustedes nuestra gratitud eterna.

Cuando las estrellas comienzan a descender…, es necesaria la conversión de varios de nuestros líderes en política, economía, religión y cultura; para que se renueven, se divorcien de la corrupción, sean transparentes en sus acciones y se dediquen, fielmente, a trabajar con desinterés hacia el ciudadano y el prójimo.

Cuando las estrellas comienzan a descender…, es el instante para retornar a la iglesia primitiva la cual, desde aquel entonces, profesaba las virtudes teologales de la fe, esperanza y caridad en el hogar de cada uno.

Cuando las estrellas comienzan a descender…, nos hemos dado cuenta a través de esta contemporánea peste medieval, que todas las ideologías vigentes, absolutamente todas y sin excepción; han explotado, esclavizado y fragmentado al hombre y la mujer; negándoles la felicidad a cambio de: materialismo, paraísos despóticos, dictaduras disfrazadas, promesas utópicas e inmisericorde utilización del nombre y la imagen de Dios para sus oscuros propósitos.

Cuando las estrellas comienzan a descender…, hemos despertado a un amanecer, en el cual la pandemia del coronavirus marcó un antes y un después; dando lugar a la era en la cual se constituye un nuevo orden mundial, bajo el complemento respetuoso y armónico en una misma brújula de: la ciencia y la fe.

Cuando las estrellas comienzan a descender…, es oportuno repasar y meditar sobre ciertos pasajes del libro Eclesiastés (3: 1-8): “Todo tiene su tiempo y todo lo que se quiere debajo del cielo tiene su hora. Tiempo de nacer y tiempo de morir…; tiempo de llorar y tiempo de reír; tiempo de abrazar y tiempo de abstenerse de abrazar…; tiempo de callar y tiempo de hablar; tiempo de guerra y tiempo de paz”.

Cuando las estrellas comienzan a descender…, termino este escrito con unas palabras plasmadas al final de la novela de ciencia ficción (Los Albores de los Tiempos), a la que me referí al inicio del mismo:

“Al otoño e invierno seguirán la primavera y el verano;

el otoño dejará caer sus hojas y los árboles quedarán desnudos.

Luego, vendrá el invierno con su frío, sus días cortos, sus nubes.

Pero el giro no se detendrá…

Llegará la primavera y la vida resucitará, los árboles se vestirán de nuevo, y volverán a cantar los pájaros.

Con la venida del verano la tierra se cargará de frutos, madurarán las mieses…

¡Será tiempo de vivir!

¡Es ya tiempo de vivir!”.

 

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